¿Todo lo que no está prohibido está permitido?

Por Emmanuel Vallejos

Muchas decisiones de la vida cristiana no aparecen mencionadas de manera específica en la Biblia. Las Escrituras no contienen una lista detallada de cada práctica, entretenimiento, hábito o situación que pudiera existir a lo largo de la historia. Sin embargo, Dios nos ha dejado principios suficientemente claros para orientar nuestras decisiones.

Por eso, la pregunta del cristiano no debería ser solamente: «¿Dónde dice la Biblia que esto está prohibido?», sino también: «¿Conviene? ¿Edifica? ¿Glorifica a Dios? ¿Es compatible con una vida consagrada a Cristo?». Veamos algunos principios bíblicos que pueden ayudarnos.

1- No todo lo lícito conviene

1 Corintios 6:12. Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de nada.

Nota: Pablo establece un principio fundamental. Aun cuando algo no esté expresamente prohibido, debemos preguntarnos si conviene y si puede llegar a dominarnos. La libertad cristiana no consiste en hacer cualquier cosa que no tenga una prohibición explícita.

2- ¿Lo que hago edifica?

1 Corintios 10:23. Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica.

Nota: Hay actividades que quizá no podamos señalar como pecado mediante un mandamiento específico, pero tampoco contribuyen a nuestra edificación espiritual. El cristiano no busca simplemente evitar lo malo; busca aquello que lo acerque más a Dios.

3- El principio para nuestras decisiones

1 Corintios 10:31. Si pues coméis, ó bebéis, ó hacéis otra cosa, hacedlo todo á gloria de Dios.

Nota: Este principio alcanza prácticamente todos los aspectos de nuestra vida. Antes de decidir, podemos preguntarnos: ¿Puedo hacer esto para la gloria de Dios? Si una práctica contradice este propósito, no necesitamos encontrar un versículo que la mencione por nombre para reconocer que debemos evitarla.

4- ¿Qué ocurre con prácticas modernas como fumar?

1 Corintios 6:19-20. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues á Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Nota: El tabaco, las drogas y otras prácticas dañinas pueden no aparecer mencionadas por nombre en las Escrituras. Sin embargo, el principio permanece: nuestro cuerpo pertenece a Dios y debemos glorificarlo también mediante la manera en que lo cuidamos.

5- La alimentación también está sometida a principios

1 Corintios 10:31. Si pues coméis, ó bebéis, ó hacéis otra cosa, hacedlo todo á gloria de Dios.

6- ¿Dice la Biblia exactamente cómo debemos vestirnos?

1 Timoteo 2:9-10. Asimismo también las mujeres, ataviándose en hábito honesto, con vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, ú oro, ó perlas, ó vestidos costosos; Sino de buenas obras, como conviene á mujeres que profesan piedad.

Nota: La Biblia no establece medidas, diseños o estilos para cada época. En cambio, proporciona principios: honestidad, modestia, pudor y piedad. Las modas cambian; los principios permanecen.

7- ¿Qué principio debemos aplicar a nuestro cuerpo y su apariencia?

1 Corintios 3:16-17. ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal: porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.

Nota: El cuerpo debe ser tratado como algo que pertenece a Dios y está dedicado a Él. La pregunta cristiana no es únicamente qué puedo hacer con mi cuerpo, sino qué honra mejor a su Creador.

8- La vida sexual también se gobierna por principios de santidad

1 Tesalonicenses 4:3-5. Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación; Que cada uno de vosotros sepa tener su vaso en santificación y honor; No con afecto de concupiscencia, como los Gentiles que no conocen á Dios.

Nota: Las Escrituras presentan principios claros: santidad, pureza, honor y dominio propio. Nuestra sexualidad también debe estar sometida a la voluntad de Dios.

9- ¿Qué principio debemos aplicar al entretenimiento?

Filipenses 4:8. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad.

Nota: La Biblia no menciona el cine, las redes sociales, los videojuegos o las plataformas digitales modernas. Pero sí nos dice qué clase de cosas deberían ocupar nuestros pensamientos. Este principio puede ayudarnos a evaluar lo que miramos, escuchamos y consumimos como entretenimiento.

10- Debemos cuidar las influencias que recibimos

1 Corintios 15:33. No erréis: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. 

Nota: No toda amistad, ambiente, conversación o influencia perjudicial aparece prohibida individualmente en las Escrituras. Sin embargo, Dios nos advierte que aquello con lo cual nos relacionamos puede transformar nuestro carácter. Por eso debemos escoger cuidadosamente nuestras influencias.

11- ¿Cómo saber si algo aparentemente inocente se ha convertido en un problema?

1 Corintios 6:12. Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de nada. 

Nota: Aquí encontramos otro criterio importante: ¿me domina? Una actividad puede comenzar siendo aparentemente inofensiva y terminar controlando nuestro tiempo, nuestros pensamientos, nuestro dinero o nuestra voluntad. El cristiano debe procurar que solamente Cristo gobierne su vida.

12- La gran pregunta: ¿qué haría Jesús?

1 Juan 2:6. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo. 

Nota: Este principio lleva el estudio más allá de una religión basada exclusivamente en prohibiciones. El propósito del cristiano es vivir como vivió Cristo. Por eso, ante una decisión para la cual no encontramos un mandamiento específico, podemos preguntarnos: ¿Es esto compatible con el carácter de Jesús? ¿Me ayuda a andar como Él anduvo?

13- Conclusión

La Biblia no fue escrita como un catálogo de todas las cosas imaginables que están permitidas o prohibidas. Dios nos dio algo mucho más amplio: mandamientos y principios capaces de guiarnos incluso frente a situaciones que no existían cuando fueron escritas las Escrituras.