Capítulo 10

El sábado en la iglesia posterior

Un detalle que muchas veces pasa desapercibido se encuentra en las propias palabras proféticas de Jesús. En Mateo 24, al hablar sobre la destrucción de Jerusalén (evento que ocurrió en el año 70 d.C., es decir, unos 40 años después de su resurrección) Jesús instruye a sus discípulos: Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado. Esta advertencia es significativa, porque no tendría sentido si el sábado hubiese perdido su vigencia. Cristo está proyectando a sus seguidores hacia un futuro lejano y, aun así, considera el sábado como un día relevante que debía ser respetado.

Esto demuestra que Jesús no enseñó ni anticipó un cambio en el día de reposo. Si el sábado iba a ser reemplazado por el domingo después de su resurrección, este habría sido el momento ideal para aclararlo. Sin embargo, sus palabras muestran continuidad, no cambio. El sábado sigue siendo considerado un día especial incluso décadas después de la cruz.

Algo similar encontramos en el testimonio del apóstol Juan. Al escribir el libro de Apocalipsis, aproximadamente 60 años después de la resurrección de Cristo, declara: Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor (Apocalipsis 1:10). La pregunta natural es: ¿a qué día se refiere? La propia Biblia ya había definido cuál es el día del Señor. En los evangelios, Jesús afirmó: el Hijo del Hombre es Señor aun del sábado (Mateo 12:8). Esto establece una conexión directa: si Jesús es Señor del sábado, entonces el sábado es el día del Señor.

No hay en las Escrituras ninguna declaración que identifique al primer día de la semana como “el día del Señor”. Por lo tanto, cuando Juan utiliza esta expresión, lo hace dentro del marco ya establecido en la Biblia, no introduciendo un nuevo concepto. Esto confirma que, aun en una etapa avanzada de la iglesia apostólica, el sábado seguía siendo reconocido con el mismo carácter.

Estos dos testimonios (las palabras proféticas de Jesús y la experiencia de Juan) muestran que el sábado no solo existía en el pasado, sino que mantenía su vigencia mucho después de la resurrección. No aparece ninguna indicación de cambio, sino más bien una continuidad clara en el tiempo.

En la siguiente sección veremos que el cambio comenzó mucho tiempo después.