Capítulo 4
En los Diez Mandamientos
Éxodo 20:8-11. Te acordarás del día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; pero el séptimo día es el sábado de Jehová tu Dios: no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová el cielo y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día sábado y lo santificó.
Siglos después de la creación, el día de reposo vuelve a aparecer de manera clara y solemne en el corazón mismo de la ley divina. En Éxodo 20:8-11, dentro de los Diez Mandamientos, Dios declara: Te acordarás del día sábado para santificarlo. Este detalle es clave. El mandamiento no comienza diciendo “establece” o “instituye”, sino “acuérdate”. Esta expresión implica que el día ya era conocido con anterioridad. No se presenta como una nueva institución dada en el Sinaí, sino como algo que debía ser recordado y restaurado en la conciencia del pueblo.
Esto confirma que el sábado no fue una idea introducida por Moisés ni una práctica exclusiva que comenzó con Israel. Su origen, como ya vimos, se remonta a la creación. El mandamiento simplemente lo reafirma y lo coloca dentro del marco de la ley moral de Dios, escrita por su propio dedo en tablas de piedra. A diferencia de otras leyes que fueron comunicadas a través de Moisés, los Diez Mandamientos tienen un carácter único: son la expresión directa de la voluntad divina, inmutable y universal.
Además, el mismo texto del mandamiento conecta el sábado con la creación: Porque en seis días hizo Jehová el cielo y la tierra… y reposó en el séptimo día. Esto vuelve a llevarnos al origen, mostrando que la razón para guardar el sábado no es un evento local o nacional, sino un hecho universal que involucra a toda la humanidad. El sábado no está basado en la historia de un pueblo, sino en la obra creadora de Dios.
Antes incluso de llegar al monte Sinaí, encontramos evidencia de que el sábado ya era observado. En Éxodo 16, cuando Dios provee el maná en el desierto, instruye al pueblo a recoger doble porción el sexto día, porque el séptimo sería día de reposo. Esto ocurre antes de la proclamación formal de los Diez Mandamientos. El relato muestra que el sábado ya era conocido y que su observancia era esperada, aun antes de que la ley fuera escrita en piedra.
Otro aspecto importante del mandamiento es su alcance. No se limita únicamente al israelita, sino que incluye explícitamente a todos los que estaban dentro de su entorno: ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva… ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. El sábado debía ser respetado no solo por el pueblo de Israel, sino también por los extranjeros que convivían con ellos. Esto revela que su observancia no tenía un carácter exclusivamente nacional o étnico, sino que reflejaba un principio aplicable a todos.
Este mismo principio se repite en otros pasajes donde se establece que la ley de Dios es una sola tanto para el natural como para el extranjero. La Escritura insiste en que no hay dos normas diferentes, una para Israel y otra para los demás, sino una misma ley. Esto refuerza la idea de que el sábado, como parte de esa ley, no puede limitarse a un grupo específico, sino que tiene un alcance universal.
Éxodo 12:49 “La misma ley será para el natural, y para el extranjero.”
Números 15:15-16 “Un mismo estatuto tendréis… como vosotros, así será el extranjero…”
Levítico 24:22 “Un mismo estatuto tendréis para el extranjero y para el natural.”
Isaías 56:6-7 “Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová… a todos los que guardaren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto… yo los llevaré a mi santo monte…”
Estos elementos muestran que el sábado no solo fue instituido en la creación, sino también reafirmado en la ley moral de Dios como algo ya existente, conocido y aplicable a todos. No fue una innovación en el Sinaí, sino la confirmación de un mandamiento establecido desde el principio. Esto plantea nuevamente una cuestión importante: si el sábado forma parte de la ley divina y tiene raíces que se remontan a la creación misma, ¿existe alguna evidencia clara de que haya sido cambiado posteriormente? Esa es la pregunta que seguiremos examinando a la luz de la Escritura.