Capítulo 7

Muerte, Descanso y Resurrección

Lucas 23:52-54. Este fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y bajándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún nadie había sido puesto. Y era el día de la preparación; y estaba para comenzar el sábado.

El relato bíblico muestra con claridad el orden de los acontecimientos en torno a la muerte y resurrección de Cristo. En Lucas 23:52-54 se nos dice que, después de su muerte, José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro nuevo. El texto añade un detalle determinante: era el día de la preparación, y estaba por comenzar el sábado. Esto indica que Jesús murió en el día previo al sábado, lo que conocemos como viernes, y que su sepultura se realizó con urgencia antes de la puesta del sol, momento en que comenzaba el día de reposo.

Este punto es importante porque establece que quienes seguían a Jesús reconocían el sábado como un tiempo sagrado que debía respetarse. No había espacio para demoras ni para continuar con labores funerarias una vez iniciado el sábado. Por eso, todo debía hacerse antes de su comienzo.

Lucas 23:55-56. Y las mujeres que habían venido con Él desde Galilea, también lo acompañaron, y vieron el sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo. Y regresando, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.

Los versículos siguientes confirman esta realidad. Lucas 23:55-56 relata que las mujeres que habían acompañado a Jesús observaron dónde fue puesto su cuerpo, prepararon especias aromáticas y ungüentos, pero luego reposaron el sábado, conforme al mandamiento. Este detalle es sumamente revelador. Estas mujeres eran seguidoras cercanas de Cristo, testigos directos de su enseñanza y de sus últimos momentos. Si Jesús hubiera enseñado que el sábado sería abolido o reemplazado, este habría sido el momento más evidente para actuar de otra manera.

Sin embargo, ocurre lo contrario. Aun en medio del dolor y la urgencia por honrar el cuerpo de su Maestro, decidieron detenerse y respetar el sábado según el mandamiento. No completaron el proceso de ungimiento, sino que regresaron a sus casas y esperaron. Este acto no fue casual, sino una expresión de obediencia. Demuestra que, hasta ese momento, no existía ninguna instrucción de parte de Jesús que indicara un cambio en el día de reposo.

Además, el texto subraya que reposaron conforme al mandamiento, lo que conecta directamente su acción con la ley de Dios, no con una tradición humana. Esto confirma que el sábado seguía siendo reconocido como obligatorio incluso después de la muerte de Cristo.

Lucas 24:1-3. Y el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro. Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Al continuar el relato, Lucas 24:1-3 nos dice que el primer día de la semana, muy de mañana, las mujeres regresaron al sepulcro con las especias que habían preparado. Esto muestra claramente que no consideraban ese día como reposo, ya que reanudaron las actividades que habían interrumpido el sábado. Fue en ese momento cuando descubrieron que Jesús ya había resucitado.

La resurrección ocurrió en el primer día de la semana, pero el texto no indica en ningún momento que este día haya sido santificado o establecido como reposo. Simplemente registra el hecho. La pregunta entonces es: ¿por qué ocurrió en ese día específico?

La respuesta se encuentra en el contexto más amplio de las Escrituras. La resurrección de Cristo no fue un evento aislado, sino el cumplimiento de un sistema simbólico previamente establecido. En Levítico 23 se describen las fiestas solemnes de Israel, entre ellas la ofrenda de las primicias, que se presentaba el día siguiente al sábado, es decir, el primer día de la semana. Esta ofrenda representaba el inicio de la cosecha y era dedicada a Dios como señal de lo que vendría después.

Levítico 23:10-11. Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que yo os doy, y segareis su mies, traeréis al sacerdote un manojo de los primeros frutos de vuestra siega; y el sacerdote mecerá el manojo delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del sábado lo mecerá el sacerdote.

El Nuevo Testamento identifica a Cristo precisamente como esa “primicia”. En 1 Corintios 15:20-23 se declara que Cristo resucitó de entre los muertos, siendo primicias de los que durmieron. Esto significa que su resurrección ocurrió en el momento exacto señalado por el simbolismo profético de las fiestas. No fue un cambio del día de reposo, sino el cumplimiento de una figura que ya existía.

Por lo tanto, el hecho de que Jesús haya resucitado el primer día de la semana no establece un nuevo día santo, sino que confirma el cumplimiento de un patrón divino previamente revelado. El sábado sigue ocupando su lugar como día de reposo, mientras que el primer día de la semana queda asociado al evento de la resurrección, sin que se le atribuya en la Escritura un carácter de santidad o sustitución.