Capítulo 9

La práctica de los apóstoles

Hechos 13:42-44. Y cuando los judíos salieron de la sinagoga, los gentiles les rogaron que el sábado siguiente les predicasen estas palabras. Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los religiosos prosélitos siguieron a Pablo y a Bernabé; quienes hablándoles, les persuadían a que permaneciesen en la gracia de Dios. Y el sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios.

Al avanzar en el libro de los Hechos, encontramos evidencia clara de cómo los apóstoles continuaron reuniéndose y enseñando después de la resurrección de Cristo. En Hechos 13:42-44 se describe una escena muy significativa: después de predicar en la sinagoga, los gentiles —no judíos— rogaron a Pablo y a Bernabé que les predicaran nuevamente estas palabras el sábado siguiente. Este detalle es clave, porque muestra que el interés no provenía solo de judíos, sino también de personas de otras naciones que estaban escuchando el mensaje.

Lo más importante es la respuesta implícita de los apóstoles. No encontramos que Pablo ni Bernabé les dijeran: “vengan mañana”, o “reunámonos en el primer día de la semana”. En lugar de eso, esperaron hasta el siguiente sábado. El texto dice que el sábado siguiente se reunió casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Esto no fue un encuentro pequeño ni aislado, sino una gran convocatoria donde tanto judíos como gentiles se reunieron en el mismo día para escuchar las Escrituras.

Este punto elimina una explicación común que algunos intentan dar, sugiriendo que los apóstoles guardaban el sábado solo por costumbre judía o para no ofender. Si ese hubiera sido el caso, cuando los gentiles —que no estaban sujetos a las tradiciones judías— pidieron instrucción, los apóstoles habrían aprovechado la oportunidad para establecer un nuevo día. Sin embargo, no lo hicieron. Por el contrario, mantuvieron el mismo patrón, reuniéndose en sábado y enseñando en ese día.

Hechos 17:2-3. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras, enseñando y exponiendo que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que este Jesús, a quien yo os predico, decía él, es el Cristo.

Esta práctica no fue un evento aislado. En Hechos 17:2-3 se nos dice que Pablo, como acostumbraba, fue a ellos y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras. Nuevamente aparece la idea de costumbre, la misma expresión que se usa para describir la práctica de Jesús en Lucas 4:16. Pablo no estaba improvisando ni adaptándose circunstancialmente; estaba siguiendo un patrón establecido. Y es importante notar el contenido de su predicación: enseñaba y exponía que era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos. Es decir, incluso el mensaje central de la resurrección de Jesús era predicado en el día sábado.

Esto refuerza una idea fundamental: la resurrección de Cristo, aunque ocurrió el primer día de la semana, no produjo un cambio en el día de reunión y enseñanza de los creyentes. Los apóstoles, guiados por el mismo Espíritu y encargados de establecer la iglesia, continuaron congregándose en sábado, siguiendo el mismo modelo que habían visto en Jesús.

Estos pasajes muestran que el sábado no solo fue observado antes de la cruz, sino también después de la resurrección, y no únicamente por judíos, sino también por gentiles que aceptaban el mensaje del evangelio. Lejos de desaparecer, el sábado sigue ocupando su lugar como el día en que la comunidad cristiana se reunía para estudiar la Palabra de Dios.

A medida que continuemos, veremos hasta cuándo se mantuvo esta práctica y qué ocurrió en la historia posterior.