Libros Apócrifos
La Biblia católica contiene una serie de libros conocidos como deuterocanónicos (Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, 1 y 2 Macabeos, entre otros), que no se encuentran en las Biblias hebreas ni en las versiones protestantes. Estos libros, también llamados apócrifos, fueron escritos entre los siglos III a.C. y I a.C., es decir, después del cierre del canon del Antiguo Testamento y antes de la venida de Cristo.
Los judíos nunca los consideraron inspirados, y Jesús ni los apóstoles jamás los citaron como Escritura. Fueron oficialmente introducidos en el canon católico recién en el Concilio de Trento en 1546, como una reacción a la Reforma protestante que los había rechazado por carecer de autoridad divina.
A continuación, veremos ejemplos concretos de contradicciones entre los apócrifos y la Biblia inspirada, mostrando por qué no deben ser considerados Escritura.
Contrastes entre libros apócrifos y la Biblia
Tobías enseña salvación por obras y limosnas
Tobías 12:9. Porque la limosna libra de la muerte, y purifica de todo pecado.
Contraste bíblico:
Efesios 2:8–9. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras, para que nadie se gloríe.
1 Juan 1:7. … la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
Un ángel enseña brujería a un muchacho
Tobías 6:8. Él contestó: Cuando una persona es atacada por un demonio o espíritu malo, si se queman delante de esa persona el corazón y el hígado del pescado, cesa el ataque y no se repite jamás.
Sabiduría enseña la preexistencia del alma
Sabiduría 8:19–20. Yo era un niño de buen natural, y había recibido un alma buena, o más bien, siendo bueno, había venido a un cuerpo sin mancha.
Contraste bíblico:
Zacarías 12:1. … Jehová… forma el espíritu del hombre dentro de él.
Génesis 2:7. … y fue el hombre un ser viviente.
Nota: La Biblia enseña que el alma no preexiste, sino que el hombre es un ser completo al recibir aliento de vida.
Eclesiástico
El mismo prólogo del traductor del libro relata que este fue escrito por su abuelo, sin mencionar inspiración ni mandato divino alguno, sino simple deseo de transmitir conocimiento recibido de la Ley y los Profetas.
«La ley, los profetas y los demás libros que fueron escritos después, nos han trasmitido muchas y grandes enseñanzas. Por eso hay que felicitar al pueblo de Israel por su instrucción y sabiduría. Los que leen las Escrituras tienen el deber no solamente de adquirir ellos mismos muchos conocimientos, sino que deben ser capaces de ayudar, tanto de palabra como por escrito, a quienes no han recibido esta instrucción. Así lo hizo mi abuelo Jesús. En primer lugar se dedicó de lleno a la lectura de la ley y los profetas, y de los demás libros recibidos de nuestros antepasados, y alcanzó un conocimiento muy grande de ellos; y luego él mismo se sintió movido a escribir un libro sobre la instrucción y la sabiduría, para que, practicando sus enseñanzas, las personas deseosas de aprender puedan hacer mayores progresos viviendo de acuerdo con la ley.»
Contradicción peligrosa
Eclesiástico 31:27, 28. El vino es vida para el hombre, si lo bebe con moderación. ¿Qué vida es esa donde falta el vino? Desde el principio fue creado para dar alegría. Alegría para el corazón, gozo y contento: eso es el vino bebido a su tiempo y con cuidado.
Proverbios 23:31-32. No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa; Se entra suavemente, pero al final como serpiente morderá, y como áspid dará dolor.
2 Macabeos enseña oraciones por los muertos
2 Macabeos 12:44–45. … hizo oración por los muertos… porque creía que a los que habían muerto piadosamente les estaba reservada una gran recompensa.
Contraste bíblico:
Hebreos 9:27. Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.
Eclesiastés 9:5–6. Porque los vivos saben que han de morir; pero los muertos nada saben…
Judit presenta errores históricos y mentiras justificadas
Judit 9:10,13. (Judith ora para que Dios bendiga su mentira) … golpea al siervo con el príncipe… Por una mentira heriste a mis siervos…
Contraste bíblico:
Proverbios 12:22. Los labios mentirosos son abominación a Jehová.
Éxodo 20:16. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
Otra Contradicción:
Judit 9:2. Señor, Dios de mi antepasado Simeón, en cuyas manos pusiste la espada para castigar a esos extranjeros que forzaron y deshonraron a Dina, joven soltera a quien desnudaron para violarla, profanando su seno; a pesar de que tú habías prohibido hacer tales cosas, ellos lo hicieron.
Génesis 49:5. Simeón y Leví son hermanos: Instrumentos de crueldad hay en sus habitaciones.
Nota: Además, Judit comete múltiples anacronismos: Nabucodonosor es presentado como rey de Asiria, lo cual es históricamente incorrecto (fue rey de Babilonia).
Baruc dice que recibió los utensilios del templo
Baruc 1:8, 9. Este envío se hizo el día diez del mes de Siván, cuando Baruc recibió los utensilios que se habían llevado del templo, para devolverlos al país de Judá. Se trataba de los utensilios de plata que había mandado hacer Sedequías, hijo de Josías, rey de Judá, después que el rey Nabucodonosor de Babilonia había hecho salir de Jerusalén y deportado a Babilonia a Jeconías, a los funcionarios del gobierno, a los jefes, a los cerrajeros y a la gente del pueblo.
Contraste bíblico:
Esdras 5:14. Y también los vasos de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén, y los había metido en el templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia, y fueron entregados a Sesbasar, al cual había puesto por gobernador…
Esdras 7:19. Y los vasos que te son entregados para el servicio de la casa de tu Dios, los restituirás delante de Dios en Jerusalén.
Nota: La Biblia registra que fue Ciro y no Nabucodonosor quien devolvió los utensilios de la Casa de Dios.
¿Cuándo fueron introducidos al canon?
Los libros apócrifos fueron incluidos en la Septuaginta (LXX), una traducción griega del Antiguo Testamento usada por judíos de habla griega, pero no formaban parte del canon hebreo oficial (Tanaj).
Ninguno de estos libros fue citado por Jesús ni por los apóstoles como Escritura.
Fueron aceptados oficialmente como parte del canon en la Iglesia Católica Romana en el Concilio de Trento en 1546, más de 1.500 años después de Cristo, como una respuesta directa a la Reforma protestante.
Conclusión:
Los libros apócrifos carecen de respaldo doctrinal, histórico y profético para ser considerados parte de la Palabra de Dios. No fueron reconocidos por el pueblo judío, ni por Jesús ni los apóstoles. Sus contradicciones con las Escrituras inspiradas, sus errores históricos y doctrinales, y su tardía inclusión en el canon, demuestran que no son libros inspirados por Dios.
Por lo tanto, recomendamos basar la fe y la doctrina únicamente en los libros canónicos inspirados por el Espíritu Santo, aquellos reconocidos por Cristo y sus apóstoles, y preservados fielmente en la Biblia.