Declaraciones sobre la Ley de Dios
En los primeros siglos de la Reforma, los líderes protestantes no se atrevieron a declarar abolida la santa ley de Dios. Al contrario, la reconocieron como la expresión inmutable de la voluntad divina y como fundamento moral tanto del Antiguo como del Nuevo Pacto. Las siguientes declaraciones —de fuentes episcopales, bautistas y metodistas— evidencian que, en sus orígenes, el protestantismo respetaba profundamente los Diez Mandamientos, considerándolos vigentes y obligatorios para todos los creyentes.
Episcopales
«El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo, pues tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la vida eterna es ofrecida a la humanidad por Cristo, que es el único mediador entre Dios y los hombres. Por lo tanto, no deben ser escuchados aquellos que fingen que los antiguos Padres solo buscaban promesas transitorias. Aunque la ley dada por Dios a través de Moisés, en lo que respecta a ceremonias y ritos, no obliga a los cristianos, ni deben los preceptos civiles de la misma ser recibidos necesariamente en ninguna comunidad; sin embargo, ningún cristiano está libre de la obediencia a los mandamientos que se denominan morales».
Libro de Oración Común Protestante Episcopal, art. 7.Bautistas
«Creemos que la ley de Dios es la regla eterna e inmutable de su gobierno moral; que es santa, justa y buena; y que la incapacidad que las Escrituras atribuyen a los hombres caídos para cumplir sus preceptos surge por completo de su amor por el pecado; liberarlos de él y restaurarlos a través de un mediador a la obediencia sincera a la ley santa es uno de los grandes fines del evangelio y de los medios de gracia relacionados con el establecimiento de la iglesia visible».
Manual de la Iglesia Bautista, art. 12, página 55.Metodistas
«Cuidado con los antinomianistas que invalidan la ley, o cualquier parte de ella, a través de la fe... Que esta sea tu voz: "Aprecio tus mandamientos más que el oro o las piedras preciosas. ¡Oh, cuánto amo tu ley! La estudio todo el día". Cuidado con los libros antinomianistas. Contienen muchas cosas excelentes, y esto los hace aún más peligrosos. ¡Oh, estad alerta a tiempo! No jugéis con fuego; no pongáis vuestra mano sobre el agujero de la cueva de una serpiente».
John Wesley, fundador del metodismo, en "Christian Perfection", páginas 44 y 45.«La ley moral contenida en los Diez Mandamientos y sancionada por los profetas, Cristo no la abolió. Al venir al mundo, no se propuso suprimir parte alguna de ella. Esta es una ley que jamás puede ser abolida, pues permanece firme como fiel testigo en los cielos [...]. Existía desde el principio del mundo, habiendo sido escrita no en tablas de piedra sino en el corazón de todos los hijos de los hombres al salir de manos del Creador. Y no obstante estar ahora borradas en gran manera por el pecado las letras tiempo atrás escritas por el dedo de Dios, no pueden serlo del todo mientras tengamos conciencia alguna del bien y del mal. Cada parte de esta ley ha de seguir en vigor para toda la humanidad y por todos los siglos; porque no depende de ninguna consideración de tiempo ni de lugar ni de ninguna otra circunstancia sujeta a alteración, sino que depende de la naturaleza de Dios mismo, de la del hombre y de la invariable relación que existe entre uno y otro».
«"No he venido para abrogar, sino a cumplir". [...] Sin duda quiere [el Señor] dar a entender en este pasaje, según se colige por el contexto, que vino a establecerla en su plenitud a despecho de cómo puedan interpretarla los hombres; que vino a aclarar plenamente lo que en ella pudiera haber de oscuro; vino para poner de manifiesto la verdad y la importancia de cada una de sus partes; para demostrar su longitud y su anchura, y la medida exacta de cada mandamiento que la ley contiene y al mismo tiempo la altura y la profundidad, la inapreciable pureza y la espiritualidad de ella en todas sus secciones»
John Wesley, sermón 25.Conclusión:
Estas declaraciones históricas demuestran que la idea de una “gracia” que elimina la ley no formó parte del pensamiento original de los reformadores. Por el contrario, la verdadera fe protestante exaltaba la ley como santa, justa y buena, y veía en el evangelio no la anulación de los mandamientos, sino el medio para restaurar al pecador a la obediencia. Esta perspectiva honra tanto la justicia de Dios como su misericordia.