Un Libro Peligroso

Desde sus orígenes, la Biblia ha sido vista como una amenaza por imperios, religiones institucionalizadas y gobiernos totalitarios. A lo largo de la historia, se han emitido decretos para prohibir su circulación, se han organizado quemas públicas, y leyes religiosas han condenado su lectura en lenguas vernáculas. Incluso hoy, en pleno siglo XXI, la Biblia sigue prohibida o restringida en varios países, confirmando que la Palabra de Dios representa una amenaza para los sistemas que buscan controlar la conciencia y la verdad.

Países donde hoy la Biblia está prohibida o severamente restringida (2025)

Corea del Norte – Posesión de una Biblia es motivo de ejecución o encarcelamiento perpetuo.

Arabia Saudita – Prohibido importar o distribuir Biblias; las autoridades confiscan y destruyen ejemplares.

Maldivas – Solo se permite el islam; poseer una Biblia puede resultar en prisión o deportación.

Somalia – Prohibido el cristianismo; tener una Biblia es delito grave.

Irán – Solo se permiten Biblias en farsi aprobadas por el estado; otras versiones son contrabando.

Afganistán – La conversión al cristianismo es punible con la muerte; tener una Biblia es ilegal.

Libia – Las Escrituras están prohibidas fuera de círculos privados.

Yemen – Altamente restringida; se confiscan Biblias en aduanas.

Turkmenistán – Solo pueden circular Biblias registradas por el estado.

China – La venta pública está prohibida; solo se permiten Biblias a través de iglesias registradas y aprobadas por el régimen.

Decretos y actos históricos contra la Biblia (orden cronológico)

303 d.C. – Edicto de Diocleciano (Imperio Romano)

Ordenó destruir todas las copias de las Escrituras cristianas y ejecutar a quienes las poseyeran.

1229 – Concilio de Toulouse (Iglesia Católica)

Prohibió a los laicos poseer copias de la Biblia, especialmente en lengua vernácula.

1234 – Sínodo de Tarragona

Ordenó que los libros en lengua vulgar fueran entregados para ser quemados.

1408 – Sínodo de Oxford (Inglaterra)

Prohibió traducir o leer la Biblia en inglés sin permiso eclesiástico.

1521 – Edicto de Worms (Sacro Imperio Romano Germánico)

Condenó a Martín Lutero y prohibió sus escritos, incluyendo su traducción alemana de la Biblia.

1557 – Inquisición Española

Quemó públicamente Biblias traducidas al español por los protestantes, incluyendo las ediciones de Reina-Valera.

1559 – Índice de Libros Prohibidos (Iglesia Católica)

Incluyó muchas traducciones de la Biblia, como las versiones en español de Reina y Valera.

1535–1600s – Francia, Italia, Países Bajos

Las autoridades católicas incautaron y quemaron miles de Biblias reformadas.

1793 – Revolución Francesa

Durante la etapa radical, se prohibió oficialmente el cristianismo, se organizaron quemas públicas de Biblias y se reemplazó el culto a Dios por el culto a la Razón. Se abolió el calendario bíblico de siete días e impusieron uno de diez días para eliminar el sábado. Las iglesias fueron cerradas y la Biblia perseguida como símbolo de superstición.

1933 – Alemania Nazi

Se quemaron Biblias junto a libros de autores judíos y cristianos que se oponían al régimen.

1966–1976 – Revolución Cultural (China)

Se destruyeron miles de Biblias; poseer una era considerado contrarrevolucionario.

Siglo XX – Unión Soviética

El régimen comunista persiguió a quienes poseían Biblias; solo se permitían ediciones controladas por el Estado.

Conclusión:

La historia demuestra que la Biblia es el libro más perseguido del mundo. Gobiernos totalitarios, religiones institucionalizadas y sistemas dictatoriales han tratado de eliminarla por una razón: la Palabra de Dios libera, ilumina y transforma las conciencias. Su mensaje va en contra del control ideológico, la manipulación y la opresión. Por eso, la Biblia sigue siendo considerada peligrosa por aquellos que temen la verdad.

A pesar de los intentos de destruirla, la Biblia ha sobrevivido, ha sido traducida a miles de lenguas, y sigue siendo el libro más leído y más influyente de todos los tiempos. Como dijo Jesús:

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mateo 24:35)