La Parábola del Rico y Lázaro

La parábola del rico y Lázaro, registrada en Lucas 16:19-31, ha sido motivo de amplio debate en el ámbito teológico, especialmente en torno a su naturaleza: ¿se trata de una narración literal sobre el estado de los muertos, o es una parábola con un profundo mensaje espiritual? En este estudio comparativo se presenta evidencia interna y bíblica de que Jesús empleó esta historia como una parábola, no como un relato histórico, y que su propósito era ilustrar la condición espiritual de dos grupos sociales y religiosos bien definidos de su tiempo.

El personaje del “rico” representa simbólicamente a la clase gobernante y religiosa judía —fariseos, escribas y líderes— que se consideraban espiritualmente ricos por tener la Ley y los profetas, pero rechazaron al Mesías. En contraste, “Lázaro” representa a los pobres, marginados y despreciados por esa misma clase, pero que recibieron el mensaje del Reino con humildad y fe. El hecho de que Jesús mencione a Lázaro como alguien que "murió y fue llevado al seno de Abraham" no es un argumento a favor de una descripción literal del más allá, sino una figura deliberada que anticipa el verdadero Lázaro (Juan 11), quien sí murió y fue resucitado, y cuyo testimonio tampoco convenció a los incrédulos religiosos, cumpliendo así las palabras finales de la parábola: “si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos”.

Este estudio, usando el método comparativo —dejando que la Escritura se interprete con la misma Escritura— demuestra que el relato tiene todas las marcas de una parábola, y que su propósito es denunciar la incredulidad y dureza de corazón de aquellos que se creían justos, y destacar la aceptación del evangelio por parte de los humildes y necesitados.

COMPARANDO TEXTO CON TEXTO

1- Los ricos

Lucas 16:19. Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. (Fariseos)

Apocalipsis 3:17. Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada; y no conoces que tú eres un desventurado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo.

2- Los pobres

Lucas 16:20. Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado a la puerta de él, lleno de llagas," (Lázaro)

Lucas 16:21. Y deseaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

Mateo 5:3. Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos.

3- El seno de Abraham, la recompensa de los justos

Lucas 16:22. Y aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Y murió también el rico, y fue sepultado.

Marcos 13:26-27. Y entonces verán al Hijo del Hombre, viniendo en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles, y reunirá a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Mateo 8:11. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos.

Juan 5:28-29. No os maravilléis de esto; porque viene la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; y los que hicieron mal, a resurrección de condenación.

Nota: El seno de Abraham está en el futuro, luego de la resurrección.

4- Abraham “nuestro padre”

Lucas 16:23, 24. Y en el infierno alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham de lejos, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama. 

Lucas 3:8. Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir en vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Juan 8:39. Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.

5- El tormento del fuego final

Lucas 16:25, 26. Y Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado, y tú atormentado. Y además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan, ni de allá pasar acá.

Malaquías 4:1, 3.  Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día vendrá y los abrasará, dice Jehová de los ejércitos, el cual no les dejará ni raíz ni rama… Y hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo haré esto, dice Jehová de los ejércitos.

6- Una generación incrédula

Lucas 16:27-28.  Entonces él dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, para que no vengan ellos también a este lugar de tormento.

Mateo 11:16-24.  Mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos. Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades donde la mayoría de sus milagros habían sido hechos, porque no se habían arrepentido, diciendo: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros hechos en vosotras, se hubiesen hecho en Tiro y en Sidón, hace mucho que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo: En el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaúm, que hasta el cielo eres levantada, hasta el infierno serás abajada; porque si en Sodoma hubiesen sido hechos los milagros hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo, que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.

Nota: Jesús le recalca a la clase gobernante que se habían hecho milagros y aun así no creyeron en él.

7- La Biblia y no los milagros son la evidencia máxima

Lucas 16:29. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.

Lucas 24:44. Y les dijo: Éstas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros; que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los Salmos.

Juan 5:39. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.

Juan 5:45-47.  No penséis que yo os acusaré delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros confiáis. Porque si hubieseis creído a Moisés, me creeríais a mí; porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?

8- Los que no crean el escrito, tampoco creerán en los milagros

Lucas 16:30. Él entonces dijo: No, padre Abraham; mas si alguno va a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.

Mateo 12:38-40. Entonces respondieron unos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro querríamos ver de ti señal. Pero Él respondió y les dijo: La generación perversa y adúltera demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches; así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra.

Lucas 16:31. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos.

9- No se persuadieron con un milagro

Juan 11:43-47,49-50,53. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido a María, y habían visto lo que hizo Jesús, creyeron en Él. Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho. Entonces los príncipes de los sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchos milagros… Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; ni consideráis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca… Así que, desde aquel día consultaban juntos para matarle.

Juan 12:9-11. Entonces mucha gente de los judíos supo que Él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. Pero los príncipes de los sacerdotes consultaron para matar también a Lázaro. Pues por causa de él, muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús. 

Nota: La resurrección de Lázaro fue rechazada como evidencia por los fariseos.

Mateo 28:11-15. Y yendo ellas, he aquí unos de la guardia vinieron a la ciudad, y dieron aviso a los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reuniéndose con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, mientras dormíamos, y lo hurtaron. Y si esto llegare a oídos del gobernador, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros. Y ellos tomando el dinero, hicieron como fueron instruidos; y este dicho ha sido divulgado entre los judíos hasta el día de hoy. 

Nota: El milagro de la resurrección de Jesús fue rechazado también como evidencia.

10- Conclusión

La parábola del rico y Lázaro no solo desenmascara la falsa seguridad espiritual de los líderes religiosos de Israel, sino que también anticipa su incredulidad ante los más grandes testimonios divinos. Ni la resurrección de Lázaro, registrada en Juan 11, ni la resurrección de Jesús mismo fueron suficientes para persuadir a los escribas y fariseos, quienes, en lugar de arrepentirse, endurecieron aún más sus corazones y conspiraron para matar a ambos (Juan 12:10-11). Así se cumplió la advertencia final de la parábola: “si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos”.